El negocio de la enseñanza de idiomas mueve en el mundo más de 52.000 millones de euros al año, lo que da una idea clara, no solo de la importancia del fenómeno, sino también de la necesidad creciente de dominar varias lenguas para ser competitivo en cualquier mercado de trabajo. Sin embargo, las clases de idiomas son caras y, por tanto, quedan fuera de las posibilidades de las personas con bajos recursos. A toda esa gente que no puede pagarse unas clases de calidad es a quienes nos dirigimos nosotros, ofreciendo una formación personalizada y totalmente gratuita.
Aspiramos a ofrecer una formación horizontal e igualitaria, donde los profesores están a la misma altura que sus alumnos, sin sesgos paternalistas y sin exigir más compromiso que el de la asistencia a las clases. Confiamos en los estudiantes y en sus ganas de aprender, porque nunca nos defraudan, al contrario, agradecen que les tratemos como adultos y no pongamos condiciones, como el pago de cantidades más o menos simbólicas, para poder acudir a las clases.
Intentamos también adaptarnos a sus horarios, por lo que cada profesor establece junto con su alumno el más adecuado para ambos, de manera que el compromiso se crea de manera tácita y el vínculo entre ambos nace rápidamente, lo que facilita mucho el aprendizaje, ya que la mayoría de los estudiantes están todavía habituados a profesores autoritarios y desmotivados. Para entrar en la Escuela de Idiomas Pro Bono solo se necesita una conexión wi-fi y algún aparato para conectarse, ya sea un ordenador o incluso un móvil. Los materiales de estudio que empleamos, de uso libre, los enviamos en PDF.
Empezamos con alumnos de India a los que conocimos en la Academia de Idiomas de la Fundación Vicente Ferrer, conocida allí como RDT (Rural Development Trust) en el verano de 2023, pero rápidamente nos hemos extendido a Senegal y Uganda, además de contar con alumnos de Guinea, Sudán o Yemen.